La Verdad No Muere

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Día Internacional del Derecho a la Verdad · 46.° Aniversario del Martirio de Monseñor Romero · 24 de marzo de 2026

LA VERDAD COMO FUNDAMENTO DE LA DEMOCRACIA

Hay palabras que el poder teme más que a las armas. La verdad es una de ellas. A 46 años de que una bala estatal asesinara a Monseñor Óscar Arnulfo Romero en el altar, conmemoramos que nombrar el dolor de las personas en situación de pobreza y exigir el fin de la represión es, a la vez, un acto político y un acto espiritual. Donde la verdad se silencia, la impunidad se institucionaliza. Por eso la verdad se persigue. Por eso hay que defenderla.

EL COSTO HUMANO DEL RÉGIMEN DE EXCEPCIÓN: LA VERDAD BAJO TIERRA

El Salvador vive la consolidación de un modelo que castiga la disidencia bajo la excusa de la seguridad. Lo que comenzó como una medida de emergencia se ha convertido en arquitectura permanente de control social. El país registra la tasa de encarcelamiento más alta de América, y alrededor de 506 personas han muerto bajo custodia estatal, entre ellas liderazgos sociales, pastores evangélicos y, con especial gravedad, cuatro menores de edad — incluyendo una recién nacida y una niña de cuatro años.

PERSECUCIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL PODER: LA VERDAD ASEDIADA

La represión se extiende más allá de las cárceles. Periodistas, activistas y organizaciones de la sociedad civil han sido perseguidos o forzados al exilio; más de 140 personas han huido del país. Defensoras reconocidas como Ruth López enfrentan procesos opacos y privación injusta de su libertad. Las reformas legales y constitucionales han debilitado la democracia, permitiendo la concentración del poder y criminalizando la defensa de la tierra, el agua y los derechos humanos. El extractivismo y el autoritarismo son las dos caras de la misma moneda que despoja a las comunidades de su territorio y su dignidad.

EL LEGADO DE ROMERO: LA VERDAD COMO FE EN ACCIÓN

El «pecado estructural» que denunció Romero no desapareció: mutó. Él nunca separó la fe de la política, porque entendía que donde hay seres humanos humillados, allí está Dios esperando ser defendido. Por eso, defender hoy a las personas perseguidas por decir la verdad es continuar su legado. Su memoria no es simbólica: es un mandato de acción.

EXIGIMOS AL ESTADO SALVADOREÑO
  • Fin inmediato del Régimen de Excepción y retorno pleno al estado de derecho constitucional.
  • Transparencia e investigación independiente de todas las muertes bajo custodia estatal.
  • Liberación inmediata de todas las personas detenidas por ejercer sus derechos fundamentales.
  • Derogación de la Ley de Agentes Extranjeros y de toda legislación que restringe o criminaliza a la sociedad civil.
  • Fin del extractivismo y de la persecución judicial contra personas defensoras de la tierra y el medio ambiente.
EXIGIMOS A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
  • Al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a la CIDH y al Alto Comisionado para los Derechos Humanos: que escalen su presión diplomática y sus mecanismos de monitoreo, y que el gobierno salvadoreño sea obligado a aceptar las visitas in loco que ha denegado sistemáticamente.
  • A los gobiernos con relaciones comerciales, financieras o de cooperación con El Salvador: que condicionen esa relación al cumplimiento real de los estándares internacionales de derechos humanos, conforme al derecho internacional y a los tratados que El Salvador ha suscrito.
  • A las instituciones financieras internacionales — incluido el Banco Centroamericano de Integración Económica —: que suspendan o condicionen los préstamos al Estado salvadoreño mientras persistan las violaciones sistemáticas documentadas y no exista rendición de cuentas por las muertes bajo custodia.
  • Al conjunto de la comunidad internacional: que el legado de Monseñor Romero — reconocido como pilar universal del derecho a la verdad — inspire mecanismos concretos de protección para las defensoras y defensores que hoy, en El Salvador y en el Sur Global, pagan el mismo precio que él pagó.
LA VERDAD ES UNA DECISIÓN POLÍTICA

La verdad no emerge sola. Alguien tiene que decirla, documentarla, protegerla, transmitirla. Romero lo hizo desde un púlpito y con un micrófono. Las organizaciones salvadoreñas lo hacen hoy desde la clandestinidad, desde el exilio y desde celdas injustas. Esa resurrección ocurre hoy, cada vez que alguien rompe el silencio.

«Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño».— Monseñor Óscar Arnulfo Romero, 1980

Transformamos la indignación en acción. Desde el territorio. Para la justicia.

 

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